lunes, 5 de enero de 2015

LA TERRAZA DE LOS ANCIANOS.




Si era él, estaba allí aunque no lo veía, estaba allí en esa oscuridad… Podía sentirlo tan caliente, tan fuerte, tan voraz. Podía ver que hacía conexión conmigo, era hecho a mi medida, a lo justo, podía moverme y de ahí no se movía, solo daba vueltas para ajustarse a mi como yo a él en esa noche de agonía.

Si era él quien me seguía… Me seguía y yo no podía resistirme. Me rendía, me rendía ante ese fuego viviente, ante esa molécula de oxígeno, que tomaba todo lo que era mi piel ardiente.

Nunca nos vimos, mis ojos se perdieron en ese naufragio; solo sentía, sentía… Ay cuanto sentía su presencia. Era como de otro planeta, algo extraño y deseado; ojos humanos no podrían resistirse a tanto.

Siiiii! Quédate!! Era lo que más escucharías de mis tiernos labios, aquellos labios rojos como la sangre, los cuales amarías desde ese instante...

Aquella noche era tan oscura, pero estabas ahí justo al lado mío… Haciéndome tan tuya como en aquellas NOCHES, tomando lo poco que quedaba de mí, porque lo demás era solo tuyo. Uaooo cuanto sentía, me estaba quemando en silencio; no sé si tú sentías aquellos rápidos movimientos.

Tenía esa gran necesidad de tocarte, esa necesidad de que anduvieras por mi cuello y sintieras lo que pasa cuando tu fuego caliente no pasa por mi almohada y se queda solo tu triste reflejo.

Sofía- No te vayas, no, no te vayas Feliciano por favor… Pide lo que quieras, pero devuélveme la pasión, la pasión que es tuya y mía, aquella que tanto callas y deseas más que yo.

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Eran UNO aquella noche, Feliciano y la flamante Sofía… Dos almas que se entrelazaban y formaban un instante de rebeldía. Aquella noche cuando se esfumaron en la terraza, en la terraza de los ancianos, en esa casita lejana, en aquellos muebles de guano, todos los bombillos apagados, nadie alrededor, solo el sonido del silencio que se volvía inmenso cuando juntaban sus labios…Aquella noche cuando el frío abrazaba su piel, donde nada era más importante que estar juntos por primera vez… 

Feliciano de 25 años tan seguro, tan fuerte y guapo; Sofía de 19 años tan asustada, delicada, aún la niña de los ancianos. Él quería conocerla, escavar cada centímetro de su cuerpo, apretarla y quemarla a fuego lento… Cada parte de ella con cada rose se exaltaba, en ese instante Sofía descubrió que lo quería caliente, lo quería cerca, necesitaba ser la dueña de todo su cuerpo y alma.

Todo surgió, todo cambió en aquel lugar desolado… Ya no eran solo los ancianos, había más historias que contar en aquellos muebles de guano, ahora surgía algo más fuerte, una excitante travesía, entre Sofía y Feliciano.

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No, no te fuiste. Encendiste toda mi llama… Ayyy Feliciano aquella cama, cuantos gemidos, cuantos instantes de drama.

Te gustaba aquella ropa pequeña, aquellos pechos definidos que a cada instante te llamaban. No hubo una noche en la que estando juntos, no se perdieran nuestras miradas; una noche que no reinara el silencio, sólo tú y yo quemándonos entre la nada.

Estando abiertas las ventanas, en una silla, en la sala, en la calle frente a los vecinos, otros días en la playa… En la bañera, en la mesa, en el parqueo y más que nada en la CAMA, cuanto quería estar contigo, cuantas veces las palabras sobraban.

Volviste de nuevo y no creo permitir que corras otra vez y transites por otras aguas… Quiero que descubras lo que hay ahora más abajo de mi espalda, no es la niña de 19 años, no es la niña asustada. Yo soy Sofía la mujer, la que después que te fuiste no fue nada.

Feliciano- No Sofía no me iré, volví y es para quedarme porque con nadie encontré lo que solo tú puedas darme… Tócame ven otra vez, ven tócame, tú también vas a sentir lo que solo a ti puedo entregarte.

… Y así fue como Feliciano y Sofía volvieron a SER AMANTES, en una noche de esas, en una noche impresionante… Nunca olvidarán la terraza, la terraza de los ancianos, donde se encendió aquel fuego, donde nunca fueron encontrados. Esa pasión que surgió a ciegas, cuando ninguno de los dos lo andaban buscando.

Por: Mayelin Estepan




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